Tuluá

Caída Libre

La herencia que está dejando el paro nacional convocado por las centrales obreras y que terminó opacado, desdibujado y sin bases por el papel protagónico de los bloqueos sistemáticos y para nada improvisados liderados por lo que ahora todos llaman resistencia, es un tema que sin duda debe tener en vilo a las autoridades regionales y locales que empiezan a sentir cómo la anarquía pretende apoderarse de los territorios. El hecho de que en ciudades como Tuluá y Buga y en otras poblaciones del Valle del Cauca esté desaparecida la autoridad de tránsito, pues según se dice están bajo la intimidación de unos cuantos que se creen con el derecho de hacerlo, es una mala señal que se debe corregir, pues como decían los abuelos si no se acatan las órdenes la milicia se acaba. Y es que luego de los hechos violentos promovidos bajo el manto protector de la protesta, se ha creado la sensación que los ciudadanos pueden hacer lo que se les viene en gana y por eso parquean donde quieren, no respetan las señales de tránsito y el desorden se empieza hacer general. Es menester entonces que los alcaldes como los jefes de policía que son, asuman el control y de manera articulada con la fuerza pública y los entes de control e investigación retomen la gobernabilidad que siento perdida, pues lo que menos necesitamos hoy son un instituciones que denoten inseguridad. Por ningún motivo se puede ni debe permitir que la anarquía, el caos y el desorden se vuelvan norma y para ello se deben mantener los diálogos con quienes lideran las protestas, pero al mismo tiempo hacer sentir el peso de la autoridad dentro de los parámetros que la Constitución de Colombia establece con claridad meridiana. No sé si usted que está leyendo estas líneas crea que estoy exagerando, pero es lo que percibo, veo y siento como uno de los tantos afortunados que caminan por esta ciudad de occidente a oriente, casi a diario.

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