Tuluá

Los enfermos de la envidia

Las personas envidiosas se sienten todo el tiempo, aunque no lo reconozcan, menos afortunadas y valiosas que otras y cuando este sentimiento alcanza niveles desproporcionados, pueden llevar incluso a atacar y hacer daño, de varias maneras, a la persona que les quita el sueño. Por ello es importante aprender a identificar a este tipo de personas que no son felices ni están a gusto con ellas mismas, para que no nos afecten ni intenten entrometerse en nuestras vidas. La persona envidiosa sufre como la madrastra de Blanca Nieves, se corroe como las hermanas de la Cenicienta. En algunos hombres es peor la envidia, ellos envidian los logros profesionales de los demás y cuando son mujeres las que están por encima de ellos sufren más. El envidioso es el que no se satisface por nada de lo que hace, siempre está pendiente de lo que debe hacer para obtener la admiración de los demás, quiere pertenecer a todas las juntas directivas que existen para adquirir poder y así manipular y conseguir todo lo que anhela. La envidia puede ocasionar un ataque al corazón por el cúmulo de rabia que se ha reprimido, al ver que los otros tienen lo que ellos no han conseguido. Pero la envidia resulta más peligrosa cuando viene de los que uno considera “amigos”. Puede ser algo muy común en nuestras vidas, podemos percibir de manera leve en ocasiones que un amigo siente celos o demuestra desprecio por nuestros triunfos. Este tipo de actitudes de parte de personas muy cercanas, suelen ser un gran problema, esto debido que saben mucho sobre nuestra vida y de manera intencional pueden hacernos desistir o cambiar nuestra forma de pensar con el único fin de truncar nuestros sueños. Pero también hay amigos que ni siquiera perciben ese sentimiento y ocurre de una manera natural. Por esa razón, cuando los celos comienzan a aparecer, en lugar de explicarte el éxito de tu amigo como algo que podrías haber logrado pero no lo hiciste, intenta encontrar los aspectos contrastantes de su éxito para no alentar esa comparación. Es decir, si tu mejor amigo obtiene un premio en la universidad que comparten, en lugar de preguntarte: “¿Por qué no gané yo el premio?”, encuentra las características que hacen al trabajo de tu amigo diferente del tuyo y de las metas que tú te has establecido. Acepta el lado orgulloso de la moneda y celebra el logro de tu amigo; los estudios han demostrado que los logros de un ser querido incluso pueden contagiarte. Evalúa cuál es tu caso y que Dios nos libre de padecerla porque como dice esa trillada pero sabia frase: “La envidia es mejor despertarla que sentirla”.

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