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“El poderoso Petronio”: Ronald Mayorga

Un pañuelo y mucha resistencia. Eso es lo que se necesita para cruzar el umbral de la Unidad Deportiva Alberto Galindo, en Cali, y sumergirse en la magia poderosa de un festival que este año llega a su edición 22. Que comenzó como un pequeño intento del antropólogo e investigador Germán Patiño por reivindicar el aporte de la cultura afrocolombiana a la construcción de una ciudad como Cali y terminó convertido, como lo dijo hace unos años, frente al público caleño, el brasileño Carlinhos Brown “en el Festival afro más grande y hermoso de América Latina”. El sueño de Patiño era grande, pero como suele ocurrir con los desafíos culturales en un país como Colombia se encontró de frente con los muros que crean aquellos a los que no les gusta soñar.

El Petronio (El Festival es un homenaje al inolvidable compositor de Mi Buenaventura) comenzó con timidez en el escenario del Teatro al Aire Libre los Cristales, pero la fuerza del currulao fue tan grande, que unos años después tuvo que ser trasladado a la emblemática Plaza de Toros de la ciudad. Allí el asunto también se desbordó y superó la capacidad de la plaza: 17 mil personas.

En un intento por demostrar el poder de convocatoria del Festival, el ex Alcalde Jorge Iván Ospina se la jugó por darle a la fiesta afro el lugar que se merece y lo llevó al recién remodelado estadio Pascual Guerrero. Y ah, bendito problema. Hasta el ex Procurador Ordoñez, que debe tenerle pánico a la palabra arrechón y que en su vida habrá sacudido un pañuelo a punta de chirimía, protestó por la decisión. El Petronio fue trasladado a las canchas Panamericanas y finalmente aterrizó en su sede actual, la Unidad deportiva Alberto Galindo, por la que pasen cerca de cuatrocientas mil personas en cinco días.
Cada paso de Petronio ha servido para fortalecerlo, para demostrar que su esencia es tan grande y poderosa que ni las voces débiles de los que no entienden su poder constructor han podido con él.

Este año, del 15 al 20 de agosto, el Petronio Álvarez volverá a encenderse. Volverán cientos de mujeres y hombres de lugares como Timbiquí, Tumaco, Itsmina, Buenaventura (municipios que solo aparecían en las noticias por cuenta de las noticias de la guerra) a darle vida a una muestra gastronómica en la que se ofrecen arroces endiablados, cócteles de jaiba y piangua, encocados, viches y arrechones, pero también una muestra artesanal en la que aparecen telas africanas, turbantes, y hasta una que otra infusión mágica que cura los dolores del cuerpo y del alma. El Poderoso Petronio regresa con fuerza para subir a su gran escenario a los mejores músicos del Pacífico, para hacer retumbar las marimbas de chonta, y repetirle a Cali y al mundo entero que somos un país diverso, de colores, que habla con velocidades y acentos distintos y que, sin los sonidos de la guerra, tiene en sus industrias culturales una oportunidad enorme para mover la economía, pero también para contarle al mundo otra historia de este país.

Ronald Mayorga