Info

La historia detrás del “hackeo” a las redes de James Rodríguez

Como en películas de hackers informáticos, un joven de apenas 23 años nacido en Villavicencio logró engañar a varias personas a través de las redes sociales, para obtener información privada y hacerse a contactos y millas ajenas con el propósito de viajar sin pagar. Incluso no tuvo prevenciones a la hora de publicar en su cuenta de Facebook los pormenores de sus paseos. El joven se llama Carlos Antonio Zamora Linares y, entre sus peripecias, tuvo la osadía de acceder ilegalmente a la cuenta de Twitter del futbolista James Rodríguez y desde ella seleccionar a sus víctimas.

Con experticia técnica, Zamora Linares se apoderó de la cuenta @JamesRodriguez en marzo de 2016. Agregó a ella a varias personalidades y periodistas y luego los contactó con mensajes directos. En medio del ajetreo logístico del partido Colombia-Ecuador por las eliminatorias al Mundial de Rusia, por ejemplo, el falso James contactó el 28 de marzo a un reconocido periodista deportivo radial. Le pidió su teléfono, lo agregó a Whatsapp y luego le pidió que le prestara un correo y su clave para enviar unos documentos porque, supuestamente, como estaba concentrado, no tenía acceso a “nada”.

El periodista creyó la historia y accedió a las peticiones del falso James, aunque por precaución cambió su contraseña horas más tarde. Después siguió hablando con el impostor hasta que notó que no utilizaba el lenguaje apropiado de un futbolista. El 7 de abril siguiente, un colega le preguntó al periodista deportivo si le estaba escribiendo desde otro número para pedirle sus claves de correo electrónico. Ya con las alarmas encendidas, el periodista optó por denunciar los hechos a la Fiscalía General el 21 de abril de 2016. Así empezaron las pesquisas de la justicia.

El grupo investigativo contra el ciberterrorismo, adscrito al Centro Cibernético Policial, inspeccionó la cuenta del periodista víctima del falso James y encontró la dirección IP de Zamora asignada a su número celular. Así pudo verificar que, desde esa misma dirección, el joven ingresó ilegalmente al Twitter @JamesRodriguez. Pero eso no fue todo. A las autoridades les llegó otra advertencia. El mánager en temas informáticos del 10 del Bayern Múnich y la selección de Colombia denunció que el 13 de mayo de 2016 se percató de que le hacían falta 30.509 millas de viajes.

Además, constató otros dos hechos: que se pagó el hospedaje de un hotel en Medellín y luego se cambió su cuenta de correo electrónico a la cuenta apontecamilo55@gmail.com. La policía judicial actuó de inmediato y, con la información aportada por Lifemiles de Avianca, se verificó que esa reserva se hizo para Carlos Antonio Zamora y Vanessa Martínez entre el 18 y el 22 de marzo de 2016. A los investigadores les bastó revisar el perfil de Facebook del impostor para encontrar el check in en la ciudad de Medellín y una publicación en el parque El Poblado que decía: “Que siga la fiesta”.

Entonces las autoridades pudieron verificar que Zamora ingresó a la cuenta de esta persona cercana a James. Y lo hizo usando la misma técnica. Zamora se hizo pasar por Andrés Carvajal, reconocido a nivel nacional como el doble de Falcao, y le pidió sus datos. Así le robó las millas, equivalentes a $2,4 millones. En el escrito de acusación, presentado el pasado 18 de abril, la Fiscalía enfatizó cómo, con esta forma de actuar, Zamora logró ampliar su juego y el número de sus víctimas. Otro de los casos por los que este joven fue procesado tiene que ver con Carlos Alberto Sánchez Caro, videógrafo y fotorreportero.

Para mayo de 2016, estando en Madrid (España), Sánchez Caro recibió un mensaje de Whatsapp del falso James, quien, usando las mismas estrategias para ganar confianza, le pidió prestada su cuenta de correo electrónico. No obstante, por casualidad al día siguiente Sánchez se vio cara a cara con el futbolista y éste le confirmó que nunca le había pedido esa información. Ya era tarde: le habían robado 20.000 millas y había perdido el acceso a su cuenta en Instagram. Desde allí, el impostor siguió con su rutina y empezó a pedir contraseñas y hasta fotocopias de cédulas a los seguidores de Sánchez.

Aunque sus contactos le avisaron lo que estaba ocurriendo y Sánchez perdió definitivamente el acceso a su cuenta el 2 de octubre de 2017, más personas cayeron en la trampa del hacker a través de su Instagram. A José Contreras le robó 86.000 millas y a Sergio Becerra, 56.000. Como si todo esto fuera poco, existen denuncias de que, antes de acceder a la cuenta de James Rodríguez, el jugador Juan Fernando Quintero y la presentadora deportiva Angélica Camacho también fueron víctimas. Pero la justicia le puso tarjeta roja a Zamora, quien terminó condenado por los delitos de acceso abusivo a sistema informático, violación de datos personales y transferencia no consentida de activos. El hacker aceptó los cargos.

En desarrollo de su defensa, Zamora intentó una gambeta más al tratar de convencer a la justicia de que no hubo acceso abusivo a sistema informático porque las claves de los usuarios fueron proporcionadas por las propias víctimas. Ante esta argumentación, el Juzgado 27 Penal Municipal con Funciones de Conocimiento de Bogotá lo refutó así: “El acusado desarrolló varios comportamientos de ingeniería social para acceder sin el consentimiento de las víctimas al tratamiento de su información, dispuestas en cada una de las plataformas, entiéndase correo electrónico y redes sociales”.

“Además, la conducta no requiere que se persiga una finalidad concreta, es suficiente la simple intención del sujeto de entrar al sistema informático, como sucede en el presente caso, pues es palmaria la intención del acusado de controlar y utilizar la información de las víctimas. (…) El acusado individualizó a las víctimas, las contactó, esgrimió argucias para engañar a los titulares de la información y finalmente utilizó y controló la información sin disponer de un consentimiento”, señala la condena conocida por El Espectador. Zamora fue condenado a cuatro años, un mes y 15 días de prisión y se le expidió una orden de captura. No obstante, su defensa apeló el fallo buscando la detención domiciliaria.

FUENTE EL ESPECTADOR