miércoles, enero 17, 2018
Cali

Crece un movimiento en Cali, a ritmo de las ‘joyas’ de vinilo

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La pasión de escuchar y coleccionar discos, les nació, por mayoría, como herencia, para anidar esa fama rumbera que distingue hoy a Cali en el mundo.

Ellos gestaron lo que era una cita esquinera para poner discos en el Parque del Amor o en el Parque de los Poetas, pero que ha dado saltos y hoy tiene nombre ganado en la Feria de Cali. “Nos llegó la hora de pensar en un Festival Internacional del Disco”, dice Gary Domínguez, quien lidera el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas.

A Gary le nació el cuento cuando veía a su padre, el futbolista Édgar Mallarino, feliz con amigos escuchando música antillana y tango. A sus 9 años pudo enfrentar el reto de usar un tocadisco sin romper aguja ni perder el ritmo de la noche.

Ese pasatiempo se volvió oficio cuando llegó de discómano a los bares La 15 o Midnight Sun. Quería ser comunicador, pero entró a estudiar idiomas, solo que no duró un semestre con el peso de trasnochos melódicos.

Alcanzó a tocar bongó en un grupo del Pollo Burbano. De allí pasó a montar lo que hoy sería un emprendimiento, la taberna Casa Latina, que marcó época desde 1982 por su tono académico. La tuvo abierta hasta 2002 cuando murió la mamá, perdió una mascota y se separó.

En su casa del barrio El Cedro mantiene ese espacio donde su padre saboreaba música y su mamá la bailaba. Ya desde 1991, Gary, Édgar Mallarino como es su nombre en cédula, lideraba el Encuentro de Melómanos y Coleccionistas de la Feria.

Pero, dice, no ha estado solo. Kike, René, Julián, Alexánder, Héctor, Isidoro, José, Wilson, Jhony, un equipo de tercos para mantener un evento en el que coinciden apasionados de todos los estratos y profesiones.

Un movimiento que va cada vez más poniendo su paso en Cali, al ritmo de las salsas, los boleros y los sones, con maracas, bongoes, trompetas y trombones, mientras discos de vinilo y acetato dan vueltas y vueltas con la aguja encima.

Gary destaca que mujeres como Mónica Ramírez, Andrea Buenaventura y ahora Luz Adriana Latorre, desde Corfecali, han dado en la clave para que en el pasado evento no hubiera ‘cama pa’ tanta gente’.

En la pasada Feria de Cali 60 años se exaltó a Olimpa Solano, quien a sus 95 años, recuerda que fue su mamá, Celia Libreros, la que le inyectó este amor y llegaron a tener bailadero. De la dosis le tocó a su hijo Pablo Emilio Solano, reconocido melómano del barrio Barranquilla, quien, a su vez, dice que un hermano, Armando, es el productor de la colección; y otro, Gregory, le manda novedades desde Estados Unidos. En la sala de la casa, acompañado de su esposa Luz Elena, recibe a amigos y a rumberos que buscan canciones y las acompañan con una bebida espirituosa, sin excesos.Este mismo tributo lo rinde Wilson Mina, con sus recién cumplidos 60 años.

“Soy melómano y eso se lleva en la sangre, desde que se nace”, dice este tumaqueño que creció con el sonido de las charangas, “esas que hacen levitar”.

El son, la salsa y los ritmos alegres de Cuba lo siguieron hasta el Valle del Cauca. Una vez se radicó en Cali decidió estudiar Filosofía y Economía, además de una maestría y un doctorado, en el exterior. Wilson dice que su colección de más de 4.500 discos la empezó en 1974, pero apunta que “no es ir acumulando por acumular”.

Contagiado por esta pasión, Jhony Santacruz también atesora su colección desde hace más de 20 años, la mitad de su vida. “Eran los 80 y resultaba un poco raro escuchar los sonidos de las Antillas”, dice. Pero estudiando en el Antonio José Camacho, los hermanos Lebrón ya lo tenían cautivado. Su colección llegó a tener unos 4.000 discos, siendo la música la que le permitió contar con dinero para alimentar a su primera hija y a su familia, cuando era estudiante de Literatura en la Universidad del Valle y se quedó sin empleo.

Se define como ‘buscador’ de discos que hasta ha recorrido diferentes ciudades en Estados Unidos, como Miami, Filadelfia y Nueva York. Así pasó con un acetato de Raymond Sicot, trompetista, compositor, intérprete y director de orquesta que murió en 1978.

Ser coleccionista y melómano le da sentido a su carrera universitaria. Es así que también investiga las letras de la música salsa desde lo literario.

Con su pinta seria detrás de una gafas, el químico José Danilio Alegría también está contagiado. Cuenta que de niño se emocionó cuando escuchó por primera vez a Daniel Santos e improvisó un instrumento con un tarro de galletas.

Este candelareño, de 65 años, es el hijo de Lucila Olave, “una mujer que bailaba y cantaba bonito”, como él mismo la describe. Pero también es sobrino de quienes le inculcaron de pequeño el amor y su afición por bailar y escuchar los tocadiscos.

Además, uno de sus tíos tenía un grupo de música del Caribe con maracas y el bongó.
El culto siguió en la casa paterna en el sur de Cali, donde las fiestas podían durar días de salsa y guaracha. No podía faltar el consomé de la abuelita de José Danilo para que los rumberos siguieran igual de animados. No sabe cuántos discos tiene, pero sí que el primero fue Todo me gusta de ti, interpretado por Alberto Beltrán con la Sonora Matancera. A esa edad se inclinó por la Química en la Univalle y aunque le llamaba la atención ser parte de un ballet de salsa, optó por las fórmulas, solo que siguió su culto a Danilo Santos, Richie Ray, a la Sonora, a Lucho Bermúdez, entre otros.

Hoy, José Danilo dirige un programa radial en la emisora de Univalle y sigue en ese amor por la melodía.

Para Gary, los retos están en traer a coleccionistas internacional, hasta de Europa o el Extremo Oriente.

Porque el amor a la música se ganó su espacio en la fiesta que despide cada año en la capital de la salsa.

Contagian su pasión por la radio

La pasión por investigar sobre la música, que los ha llevado a dedicar gran parte de sus vidas a una búsqueda con toda la paciencia de aquellos discos de acetato y vinilo del siglo pasado y de querer contagiar esta melomanía, llevó a José Danilo Alegría y a Isidoro Corkidi a los micrófonos de la radio.

Es el escenario para atraer a más amantes como ellos a la afición que empezó en la niñez de ambos.

Mientras que Isidoro fue seducido por la voz de Héctor Lavoe que repercutió en su cabeza con ese Periódico de ayer hasta conseguir el disco.

Sus voces identifican esa tarea cultural a través de la emisora Univalle Estéreo. José Danilo lo hace con su programa ¡Que viva la música!, desde hace 22 años. “Nada tuvo que ver con Andrés Caicedo”.

Cuenta que fue en los 90 cuando recibió la oferta del entonces rector de la universidad del Valle, Jaime Galarza, y fue el camino para que lo conocieran como ‘Maestro aguja’.

El programa de José Danilo Alegría se emite los sábados, de 4 a 6 de la tarde. Hoy, su colección de discos es uno de sus más grandes amores.

Justamente, los sábados, Isidoro transmite sus conocimientos musicales en el programa Audición Caribe. Él es una voz experta que se escucha en la Feria de Cali y también lo hace con ‘Salsa al parque’, promovido por Andrés Díaz, ‘Pachanga’.

Estos melómanos y coleccionistas insisten en que tienen un propósito en su vida: que la gente se enamore como ellos de aquellos artistas inmortalizados en esos acetatos y vinilos.

Isidoro dice que los compactos pueden ser tecnología, pero no dicen nada como los discos que tienen el imán de sus carátulas, los datos de las canciones y artistas.

“Cada long play carga el peso de la historia”, afirma.

Y a los melómanos los rodea el apoyo de locutores que también guardan acetatos y llevan prendida la música en sus corazones.​

ELTIEMPO

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